El bienestar del músico: Aprender a decir NO

Seguro que conoces la sensación de estar preparando un concierto o proyecto musical y pensar “quién me mandaría aceptar”. Porque puede resultarnos difícil encontrar la motivación o el interés por el proyecto en cuestión y sin embargo, nos acabamos comprometiendo a hacerlo. 

Aún teniendo cosas mejores que hacer. Todo por no saber decir que no. Y eso que es una palabra de sólo dos letras, pero cuánto nos cuesta pronunciarla. 

Nos resulta tan incómodo a veces decirla, que terminamos haciendo cosas que nos aportan poco o nada a nuestra vida o carrera musical y además nos hacen posponer nuestras necesidades para cumplir con este compromiso adquirido. 

Si eres como yo, de los/las que se apuntan a un bombardeo, sabrás bien a qué me refiero: decir que sí a nuevos proyectos, conciertos como freelance, montar un grupo de cámara, dar clases, ayudar de la manera que sea a otros… Suena todo muy bien, hasta que empiezas a estresarte o sentirte saturado/a por haber dicho que sí a demasiadas cosas.

En ocasiones nos lanzamos a estos nuevos compromisos por necesidad personal (por ejemplo: realización, interés económico), pero nos resulta más complicado decir que no si hay por medio la necesidad de “quedar bien” o evitar el rechazo de la persona que nos propone el plan.

Aprender a decir que no es una destreza que beneficia increíblemente tu carrera, tus metas personales y sobre todo, tu bienestar. Aunque requiere entrenamiento, ya que no se trata de decir no únicamente, sino de saber cómo y cuándo hacerlo. Y hacerlo, además, sin tener que estar justificándote o sentirte culpable por establecer tus prioridades y límites personales.

La importancia de la asertividad

Aprender a decir que no está directamente relacionado con la asertividad. Por si no sabes qué es, te dejo esta definición de diccionario:

La asertividad es la habilidad de expresar nuestros deseos u opiniones de manera abierta, franca, directa y adecuada, logrando decir aquello que queremos sin atentar contra los derechos de los demás. 

Cuando somos asertivos entendemos que nuestras opiniones están a la misma altura que la de los demás. Por eso podemos hacerlas saber de manera clara y amable.

Sin embargo, nuestras inseguridades nos pueden hacer pensar que nuestra opinión es menos válida que la de los demás y no nos sentimos capaces de expresarla. Es entonces cuando, por miedo al rechazo, aceptamos lo que otros nos piden. 

Para que esto no te ocurra, puedes practicar la asertividad con pequeños detalles. Por ejemplo, diciendo no a cosas que no revistan gran importancia. De esta manera verás que las consecuencias negativas que imaginabas por decir que no a ese proyecto, no son para tanto. Es más, hasta te sentirás mejor por hacer únicamente aquello que sí quieres hacer. 

Establecer nuestros límites y prioridades

En muchas ocasiones, me he encontrado con músicos que me comentan que no han sido capaces de rechazar un “bolo” por miedo a hacer daño a la persona que se lo propuso, generalmente un amigo músico/director/cantante.

Pensamos que si no complacemos a los demás, van a enfadarse con nosotros y nunca más nos volverán a llamar para tocar. Así que aceptamos y luego el enfado lo tenemos con nosotros mismos por no haber sido capaces de expresar nuestra opinión o deseo al respecto. Es entonces, cuando llega también la culpa. 

Por ello, resulta fundamental aprender a valorarse a uno mismo, a dedicarse el tiempo necesario y actuar sin buscar la aprobación de todo el mundo. Y es que cuando actuamos según nuestros valores y nos damos nuestro lugar, no dejamos espacio para la culpa al tomar nuestras propias decisiones. 

Dejar de dar explicaciones

Decir que no cuando tenemos una justificación – estoy de viaje, tengo otro concierto ese día – es una cosa. Ahora, decir que no simplemente porque no te apetece hacer ese concierto o quieres descansar, puede resultar más complicado. 

Pero déjame decirte que no es necesario justificarse cuando decimos no. Porque empezamos a darle vueltas a excusas que nos roban tiempo y energía, cuando lo más sencillo sería decir la verdad: “gracias, pero no me apetece”.

Ser honesto sobre nuestras propias necesidades es una forma de cuidado personal fundamental y te será muy útil para evitar el estrés y la saturación en tu día a día. 

Recordatorio final

Ten presente que tienes todo el derecho del mundo a decir que no, a cambiar de opinión y a no dar ninguna explicación sobre tus decisiones. El secreto está en hacerlo de manera respetuosa. 

Espero que este artículo te ayude a desarrollar esta valiosa habilidad y saber que no eres el único músico al que le pasa. Ahora toca lo más difícil, poner en práctica lo leído aquí. 

Y si necesitas mi apoyo para llevarlo a cabo, no dudes en escribirme a [email protected]

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¡Hasta el próximo artículo! 

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